No es exactamente una vitamina

El inositol se llamó durante un tiempo «vitamina B8», y el nombre sobrevive en las etiquetas. Es impreciso: una vitamina es, por definición, algo que el cuerpo no fabrica y tiene que recibir de fuera. El cuerpo humano sí fabrica inositol, a partir de glucosa, y lo hace en cantidades del orden de gramos al día.

Eso cambia la pregunta. No se trata de cubrir una carencia frecuente, como con el hierro o la vitamina D, sino de si añadir más de algo que ya se produce cambia alguna cosa.

Dónde la evidencia es más firme

El terreno más estudiado es el síndrome de ovario poliquístico. Ahí hay ensayos clínicos, no sólo estudios de observación, y se han medido cambios en marcadores de resistencia a la insulina y en la regularidad de los ciclos. Es la razón por la que el inositol aparece en consultas de ginecología y no sólo en tiendas de suplementos.

Conviene leer ese dato con cuidado: los estudios son en su mayoría pequeños, de duración corta, y comparan combinaciones y dosis distintas entre sí. «Hay evidencia» no significa aquí lo mismo que significa para el ácido fólico antes del embarazo.

Dónde la evidencia es escasa

Para ansiedad, pánico, sueño o estado de ánimo, lo que existe son estudios sueltos, con pocos participantes y resultados que no se han reproducido de forma consistente. No es que se haya demostrado que no funciona: es que no se ha estudiado lo suficiente para decir nada firme, y esa diferencia rara vez aparece en la publicidad.

Qué preguntar cuando aparece en una etiqueta

El inositol se vende en varias formas —mio-inositol, D-quiro-inositol y mezclas entre ambas— y los estudios no son intercambiables entre ellas. Una etiqueta que dice sólo «inositol» no permite saber a cuál de esos estudios se está pareciendo el producto.

Como con cualquier suplemento, la decisión de tomarlo o no corresponde a quien lo indica. Lo que sí puede hacerse antes es distinguir qué parte de la promesa tiene estudios detrás y qué parte todavía no.