Lo que la ofrenda tiene de cocina

Una ofrenda completa lleva pan de muerto, fruta de temporada, calabaza en tacha, dulce de tejocote, mole con pollo, tamales, atole, agua, sal y a veces bebida. Casi todo se come después, y esa es la parte de la que nadie habla.

El asunto no es la tradición: es que la comida pasa entre uno y tres días fuera del refrigerador.

Lo que aguanta bien

  • Fruta entera con cáscara — mandarina, naranja, plátano, caña, jícama entera. Se lava y se come.
  • Pan de muerto — se seca, no se echa a perder rápido. Duro sigue sirviendo para el chocolate.
  • Calabaza en tacha y dulces de piloncillo — la concentración de azúcar los conserva.
  • Sal, granos y semillas.

Lo que no

Mole con pollo, tamales, arroz, todo lo cocinado. Fuera del refrigerador entran en la franja donde las bacterias se multiplican, y dos días ahí son muchos — el criterio está en cómo guardar y recalentar.

El arroz y el pollo son los dos que más problemas dan. Ni el olor ni el aspecto avisan: lo que causa una intoxicación no suele cambiar ninguno de los dos.

Cómo montarla pensando en después

La solución que usa mucha gente y que funciona: poner lo cocinado el último día, o poner una porción simbólica en la ofrenda y guardar el resto refrigerado. La ofrenda no pierde nada y la comida tampoco.

El agua se cambia; el vaso lleva dos días de polvo.

La fruta, que es lo mejor del asunto

Mandarina, naranja, jícama, caña, tejocote: es fruta de temporada, barata, y la parte de la ofrenda que aporta de verdad — fibra, vitamina C y potasio. En una semana donde el pan dulce y el dulce de calabaza se multiplican, es lo que equilibra la mesa.