El vínculo entre potasio y presión arterial
El sodio y el potasio trabajan como un balancín dentro del cuerpo. Cuando comemos más sodio del que necesitamos —algo muy común en la dieta mexicana, con su carga de embutidos, salsas industrializadas y comida procesada— el cuerpo retiene más líquido y los vasos sanguíneos tienden a tensarse. El potasio hace lo contrario: ayuda a los riñones a eliminar sodio por la orina y favorece que las paredes de los vasos sanguíneos se relajen un poco más. Ese doble efecto es la razón por la que se le pone tanta atención cuando se habla de presión arterial, junto con otros electrolitos que también participan en ese equilibrio.
No es una teoría suelta. El NIH Office of Dietary Supplements (ODS) recoge meta-análisis de ensayos clínicos donde aumentar la ingesta de potasio se tradujo en reducciones medibles de presión sistólica y diastólica, sobre todo en personas que ya tenían la presión elevada. La Organización Mundial de la Salud va más allá y hace una recomendación fuerte: aumentar el potasio dietético como estrategia para bajar presión arterial y riesgo cardiovascular en la población general.
Cuánto potasio se recomienda y por qué México no llega
La OMS fija en 3,510 mg al día (90 mmol) la ingesta mínima recomendada de potasio para adultos. Es una cifra que suena alta, y en la práctica lo es: se necesita comer con regularidad frutas, verduras, leguminosas y otros alimentos frescos para acercarse a ella, algo que no coincide con el patrón de consumo típico en México.
Ahí está justo el problema. Datos de la Ensanut muestran que la combinación de baja ingesta de potasio con alta ingesta de sodio es un factor de riesgo reconocido de hipertensión en adultos mexicanos, algo que también está relacionado con el consumo de productos que llevan sellos de advertencia (octágonos negros) por su exceso de sodio. Y el contexto es serio: según la Ensanut 2022, el 47.8% de los adultos en México tiene hipertensión arterial (usando el criterio ACC/AHA), y una proporción considerable ni siquiera sabe que la tiene. No es un dato menor: significa que el balance sodio-potasio de la dieta cotidiana no es un tema abstracto de laboratorio, sino algo que está jugando en contra de millones de personas todos los días sin que se note.
¿Conviene obtener el potasio de alimentos o de suplementos?
Aquí conviene ser preciso, porque la evidencia no dice lo mismo para ambos casos. Los estudios que muestran beneficios más consistentes sobre la presión arterial son los que analizan potasio proveniente de la dieta —frutas, verduras, leguminosas— o de sustitutos de sal enriquecidos con potasio, que el ODS señala específicamente como una estrategia con buen respaldo.
Cuando se trata de suplementos orales de potasio tomados como cápsula o pastilla para bajar una hipertensión ya diagnosticada, la revisión Cochrane sobre el tema encuentra evidencia de calidad baja y resultados inconsistentes. Esto no significa que los suplementos no sirvan para nada, sino que no hay bases sólidas para recomendarlos como estrategia para controlar presión arterial alta, y que la prioridad debería estar en la alimentación. Si además consideras un suplemento, la decisión sobre si te conviene y en qué cantidad le corresponde a un profesional de salud, no es algo para resolver por cuenta propia.
Quién debe tener cuidado antes de subirle al potasio
El potasio no es inofensivo en todos los casos, y esto aplica tanto a suplementos como a cambios bruscos en la dieta si hay condiciones de salud de por medio. El cuerpo no elimina el exceso de potasio con la misma facilidad con la que maneja otros nutrientes, así que un exceso puede acumularse y causar hiperkalemia, una elevación peligrosa del potasio en sangre.
Hay varios grupos donde el riesgo es real:
Personas con enfermedad renal o insuficiencia renal, porque los riñones son los que se encargan de filtrar el exceso de potasio.
Quienes toman medicamentos como IECA (por ejemplo benazepril) o ARA-II (como losartán), ya que estos fármacos reducen la capacidad del cuerpo de eliminar potasio por la orina.
Personas bajo diuréticos ahorradores de potasio, donde sumar un suplemento puede llevar los niveles a rangos riesgosos.
En el sentido contrario, quienes usan diuréticos tiazídicos o abusan de laxantes o enemas pueden terminar con niveles bajos de potasio (hipokalemia), que también trae sus propios riesgos.
Si tomas alguno de estos medicamentos, tienes un diagnóstico de enfermedad renal, o simplemente estás pensando en agregar un suplemento de potasio a tu rutina, la recomendación es hablarlo con tu médico antes de hacerlo. Esto es todavía más importante si hay embarazo, lactancia o si se trata de niños, casos donde los requerimientos y los márgenes de seguridad cambian.
Lo que se puede rescatar de todo esto
Si tu presión arterial es un tema de cuidado —o simplemente quieres prevenir—, la evidencia apunta con más fuerza hacia comer más frutas, verduras y leguminosas de forma constante que hacia buscar un suplemento como atajo. El potasio de los alimentos viene acompañado de fibra, otros minerales y un perfil de seguridad más predecible para la mayoría de las personas sanas. Los suplementos, en cambio, son una decisión clínica que depende de tu historial médico, tus medicamentos actuales y la valoración de un profesional de salud, igual que ocurre con otros nutrientes relacionados con la presión arterial, como la L-arginina.



