Empezar por lo básico: ni siquiera es esencial
Para llamar esencial a un nutriente hace falta demostrar que su ausencia produce un cuadro definido que se corrige al reponerlo. Con el silicio en humanos eso no está establecido, y por eso no tiene una ingesta diaria recomendada como la tienen el calcio o el hierro.
Hay observaciones en animales y estudios de asociación en personas, pero el escalón que convierte una asociación en una recomendación no se ha subido.
De dónde viene de todos modos
El silicio llega con cereales integrales, con algunas verduras, con el agua de bebida y con la cerveza —esta última aparece con frecuencia en los estudios de ingesta, para sorpresa de nadie que haya mirado las tablas.
Las formas «orgánicas» que se venden en suplemento, como el ácido ortosilícico estabilizado, se presentan como más absorbibles que las inorgánicas. Ese punto sí tiene mediciones detrás.
Qué se ha estudiado
Existen ensayos pequeños sobre grosor del cabello, elasticidad de la piel y marcadores de formación ósea, algunos con resultados favorables. Son estudios cortos, con pocos participantes, y en varios casos con vínculo con el fabricante del producto evaluado.
Para hueso, que es donde la hipótesis biológica es más interesante, lo que existe son señales en marcadores intermedios — no en fracturas, que es el desenlace que importa.
Cómo leerlo
Es terreno abierto, no terreno demostrado. Eso no lo convierte en inútil ni en peligroso: lo coloca en la categoría de «se está investigando», que es distinta de la categoría en la que lo pone la publicidad.



