El estudio que lo lanzó

En 2009 un ensayo pequeño reportó un aumento de testosterona de alrededor del 40 % tras doce días de ácido D-aspártico en hombres. La cifra circuló rápido y creó una categoría entera de producto.

Era un estudio de veintitantos participantes, corto y en hombres sedentarios.

Lo que pasó después

Los intentos de replicarlo en hombres entrenados no encontraron aumento de testosterona ni de masa muscular. Y un estudio posterior con dosis más altas encontró algo incómodo: la testosterona bajó en algunos participantes.

Las revisiones actuales concluyen que no hay evidencia de que sirva para aumentar testosterona ni rendimiento en personas sanas y entrenadas.

Por qué es un caso didáctico

Porque reúne todo lo que hace falta vigilar: un solo estudio, muestra pequeña, duración corta, población que no es la que compra el producto, y un marcador —testosterona en sangre— que no es lo mismo que músculo o rendimiento.

Quince años después, el producto sigue en el estante con la cifra del primer estudio en la etiqueta. Cómo separar un caso así de uno sólido está en cómo leer un estudio.

Qué es en realidad

Una forma D del ácido aspártico, presente en tejidos neuroendocrinos, con un papel descrito en la señalización que regula la liberación de hormona luteinizante. El mecanismo existe; el efecto clínico sostenido, no.

Seguridad

Los estudios disponibles no reportan efectos graves a corto plazo. Irritabilidad y dolor de cabeza son lo más mencionado. Del uso prolongado no hay datos, que es la situación habitual en esta categoría.

Lo que sí mueve la testosterona

Dormir suficiente, corregir una deficiencia de vitamina D o de zinc si existe, mantener un peso razonable y entrenar con fuerza. Es menos vendible y está mucho mejor establecido.