Desnutrición en el adulto mayor

También conocida como: Malnutrición en el anciano, Desnutrición proteico-energética del adulto mayor, Desnutrición geriátrica

Es un desequilibrio entre lo que el cuerpo necesita y lo que realmente recibe en energía, proteína y nutrientes esenciales. No es lo mismo que "comer mal" de vez en cuando: en el adulto mayor suele pasar inadvertida porque se confunde con el envejecimiento normal, y sin detectarse a tiempo lleva a pérdida de músculo, debilidad y menor capacidad para valerse por sí mismo.

Señales

  • Pérdida de peso involuntaria (sin hacer dieta ni ejercicio)
  • Pérdida de apetito notable o comer mucho menos que antes
  • Debilidad muscular y fatiga constante
  • Caídas frecuentes o dificultad para levantarse de una silla
  • Cicatrización lenta de heridas o infecciones repetidas
  • Cambios de ánimo, apatía o aislamiento social
  • Confusión o deterioro notorio de la memoria
  • Ropa o dentadura postiza que de pronto quedan holgadas

Señales tempranas

  • Comer notablemente menos cantidad que antes, aunque el peso todavía no baje mucho
  • Perder interés en cocinar o en las comidas que antes disfrutaba
  • Cansancio al hacer actividades que antes no costaban trabajo
  • Ropa que empieza a quedar más holgada

Por qué aparece

  • Menor apetito y saciedad más temprana, un cambio frecuente asociado al envejecimiento (a veces llamado "anorexia del envejecimiento")
  • Sarcopenia: pérdida natural de masa muscular que comienza desde los 40 años y se acelera con la inactividad
  • Enfermedades crónicas o agudas que aumentan los requerimientos de energía y proteína mientras reducen el apetito
  • Polifarmacia: varios medicamentos a la vez que alteran el gusto, el apetito o la absorción de nutrientes
  • Problemas para masticar o tragar: piezas dentales faltantes, prótesis mal ajustadas, disfagia
  • Deterioro cognitivo o demencia que dificulta recordar comer, comprar o preparar alimentos
  • Vivir solo, tener movilidad limitada o depender de otros para conseguir y cocinar la comida
  • Depresión, duelo o aislamiento social que reducen el interés por comer

Quién tiene más riesgo

  • Personas mayores de 65 años, sobre todo mayores de 80
  • Quienes viven solos o tienen poco apoyo familiar o social
  • Personas con enfermedades crónicas: cáncer, insuficiencia cardiaca o renal, EPOC, diabetes mal controlada
  • Quienes toman múltiples medicamentos de forma simultánea (polifarmacia)
  • Personas con deterioro cognitivo, demencia o depresión
  • Quienes tienen problemas dentales, prótesis mal ajustadas o dificultad para tragar
  • Personas con movilidad reducida o que dependen de otros para comprar y preparar alimentos
  • Quienes acaban de salir de una hospitalización o cirugía recientes

Cómo se confirma

No se diagnostica solo por el aspecto o por 'comer poco': se confirma con una valoración clínica que incluya cribado nutricional, como el Mini Nutritional Assessment (MNA), que evalúa cambios de peso, apetito, movilidad y estado cognitivo con puntos de corte definidos para clasificar riesgo y desnutrición. Se apoya además en análisis de sangre —albúmina, prealbúmina, proteínas totales, hemoglobina, colesterol total— aunque ninguno de estos marcadores por sí solo confirma el diagnóstico, ya que se alteran también por infecciones, inflamación o enfermedades del hígado o riñón. Por eso la evaluación la debe hacer un profesional de salud, combinando historia clínica, examen físico y laboratorio.

Qué hacer

  • Llevar un registro simple de peso cada mes y anotar si hay pérdida sin causa aparente
  • Acudir a valoración médica o con un nutriólogo especializado en geriatría en cuanto se note pérdida de peso o de apetito
  • Revisar con el médico si algún medicamento actual está afectando el apetito o el sabor de los alimentos
  • Atender problemas dentales o de dentadura postiza que dificulten masticar
  • Favorecer comidas frecuentes y de poca cantidad si el apetito es bajo, en vez de solo tres comidas grandes
  • Buscar apoyo familiar, comunitario o de cuidadores si la persona vive sola o tiene movilidad limitada
  • No iniciar suplementos por cuenta propia: la valoración y cualquier indicación nutricional debe ajustarse a los resultados clínicos

Cuándo acudir al médico

Cuando hay pérdida de peso involuntaria mayor al 5-10% del peso corporal en pocos meses, o si aparecen debilidad marcada, caídas frecuentes, confusión de inicio reciente o rechazo sostenido a comer: son señales de alarma que requieren evaluación clínica pronta, no espera ni automanejo en casa.

Si no se atiende

  • Pérdida progresiva de masa y fuerza muscular (sarcopenia) con menor autonomía para caminar y realizar actividades diarias
  • Mayor riesgo de caídas y fracturas por debilidad ósea y muscular combinadas
  • Sistema inmune debilitado, con más infecciones y cicatrización más lenta de heridas
  • Deterioro cognitivo más marcado y mayor riesgo de depresión
  • Hospitalizaciones más frecuentes y recuperaciones más lentas tras una enfermedad o cirugía
  • Mayor riesgo de discapacidad y de muerte prematura

Aviso importante

Esta información es educativa y no reemplaza el consejo de un profesional de la salud. Una deficiencia se confirma con análisis, no con una lista de síntomas: no empieces ningún suplemento por tu cuenta a partir de lo que leas aquí.

Fuentes

Preguntas frecuentes

¿Adelgazar con la edad es normal o es desnutrición?

Un poco de cambio en el peso puede pasar con los años, pero perder peso sin proponérselo, sobre todo si es rápido o va acompañado de menos apetito y menos fuerza, no es parte normal del envejecimiento y debe evaluarse.

¿Comer poco de vez en cuando es lo mismo que estar desnutrido?

No. La desnutrición es un estado sostenido en el que el cuerpo no recibe lo que necesita durante un tiempo prolongado, con efectos medibles en peso, músculo y análisis de sangre. Un mal día o una semana de poco apetito no la define por sí sola.

¿Los análisis de sangre bastan para saber si hay desnutrición?

No de forma aislada. Marcadores como albúmina o prealbúmina ayudan, pero se alteran también por infecciones o enfermedades crónicas, así que se interpretan junto con la historia clínica y herramientas de cribado como el MNA.

¿Debo darle suplementos a mi familiar mayor si como poco?

Antes de eso conviene una valoración médica o de nutrición. Los suplementos y su tipo o cantidad deben decidirse según los resultados de esa evaluación, no por cuenta propia.

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