Está repartido, no concentrado

A diferencia de la vitamina B12, que se concentra en unos pocos alimentos de origen animal, el inositol está repartido con bastante uniformidad. Aparece en frutas cítricas, en leguminosas, en cereales integrales, en frutos secos y en menor medida en carnes y lácteos.

Esa distribución explica por qué no existe un «campeón» claro, del tipo que sí existe para el hierro o para la vitamina C. Una dieta variada aporta inositol sin que nadie lo esté buscando.

En los cereales está en una forma distinta

En granos y leguminosas, buena parte del inositol no está libre: está en forma de fitato, unido a fósforo. El fitato es la misma molécula que reduce la absorción de hierro y zinc en las comidas de base vegetal, un tema que aparece también cuando se habla de frijoles y hierro.

Eso significa que la cifra de una tabla no se traduce directo en inositol disponible. Es una de las razones por las que las listas de «alimentos ricos en inositol» que circulan en internet no coinciden entre sí.

La fuente principal no es la comida

El dato que suele faltar en esas listas: el cuerpo fabrica inositol por su cuenta, a partir de glucosa, en cantidades del orden de gramos al día. Es bastante más de lo que aporta una dieta normal.

Por eso la deficiencia de inositol por alimentación no es un problema descrito en personas sanas, y por eso las dosis que se usan en los estudios de suplementación son muy superiores a cualquier cosa que se pueda comer.

Cómo leer esto sin conclusiones de más

Que la comida no sea la fuente principal no convierte a los alimentos con inositol en irrelevantes: cítricos, leguminosas y granos integrales aportan otras cosas por las que ya vale la pena que estén en el plato.

Lo que no tiene sustento es lo contrario: elegir alimentos concretos «por su inositol» y esperar de ahí el efecto que se estudia con suplementos.