No es que se necesite menos
La idea intuitiva es que con la edad se necesita menos de todo, porque se come menos y se gasta menos. Es cierto para la energía y falso para varios nutrientes: las necesidades de algunos se mantienen o aumentan mientras el apetito baja, y ahí está la tensión.
La B12 y el estómago
Un cambio bien descrito: con la edad disminuye la producción de ácido gástrico en una parte de la población, y ese ácido es necesario para liberar la vitamina B12 de las proteínas del alimento. La consecuencia es que la B12 de la comida se aprovecha peor aunque se coma lo mismo.
Curiosamente, la B12 de suplementos y alimentos fortificados no depende de ese paso y se absorbe mejor en esta situación. Es uno de los pocos casos donde la forma sintética tiene una ventaja concreta.
Proteína: más, no menos
La pérdida de masa muscular asociada a la edad tiene consecuencias sobre la fuerza, el equilibrio y el riesgo de caídas. Las recomendaciones de proteína para personas mayores tienden a ser más altas que para adultos jóvenes, no más bajas, y se combinan con actividad física de fuerza.
Esto choca con dos realidades frecuentes: la proteína sacia mucho y el apetito ya está reducido, y algunos alimentos proteicos son difíciles de masticar cuando hay problemas dentales.
Vitamina D y calcio
La síntesis de vitamina D en la piel es menos eficiente con la edad, y la exposición al sol suele ser menor. Junto con el calcio, es un tema de seguimiento habitual en esta etapa, siempre con indicación profesional: aquí la suplementación por cuenta propia tiene menos margen que en otras edades.
La sed que no avisa
La percepción de sed disminuye, y eso hace que la deshidratación sea más fácil y menos evidente. Es una de las razones por las que en olas de calor la población mayor es la más afectada.
Lo que complica todo: los medicamentos
A esta edad es común tomar varios fármacos a la vez, y muchos interactúan con nutrientes: algunos reducen la absorción, otros aumentan las pérdidas, otros afectan el apetito o el sabor. Es la razón principal por la que las recomendaciones generales encajan mal y por la que este es un terreno de consulta, no de artículos.
Preguntas frecuentes
¿Hay que dar suplementos a una persona mayor?
No como norma. Depende de la alimentación, de los estudios, de los medicamentos y del estado general, y esa valoración es clínica.
¿Por qué se pierde el apetito?
Intervienen varios factores: cambios en el gusto y el olfato, medicamentos, problemas dentales, menor actividad y, con frecuencia, comer en soledad.
¿Los licuados nutricionales sirven?
Pueden ser útiles cuando la ingesta habitual no alcanza, y funcionan mejor como complemento que como sustituto de comidas. Conviene que los indique un profesional.
¿La proteína daña el riñón?
En personas con función renal normal no hay evidencia de que un aporte adecuado sea perjudicial. En quien ya tiene enfermedad renal el planteamiento cambia y lo define el especialista.



