El número sorprende

Un tamal de pollo ronda las 559 kcal, con 22 g de proteína, 25 de grasa y 62 de hidratos. Es más que una torta de jamón, en algo que se come en cinco minutos y que muchos cuentan como «un antojito».

Dónde está

En la masa. Para que quede esponjosa se bate con manteca —o con grasa vegetal— en proporción alta, y esa grasa es la mitad de la cuenta. El relleno, sea pollo o rajas, aporta bastante menos de lo que su protagonismo sugiere.

Por eso un tamal de dulce y uno de pollo no se diferencian tanto en energía: la masa es la misma.

Lo que sí aporta

La masa es de maíz nixtamalizado, con lo que trae calcio y niacina disponible, igual que la tortilla. Con relleno de pollo o cerdo suma proteína real: 22 gramos no son poca cosa.

La hoja, sea de maíz o de plátano, no aporta nada nutricionalmente y sí bastante al sabor.

El tamal con torta

La guajolota —tamal dentro de un bolillo— suma alrededor de 250 kcal más y ronda las 800 en una sola pieza. Es una comida completa en formato de desayuno rápido, y ese es exactamente el asunto: se come de pie y sin contarla como comida.

Cómo mirarlo sin dramatismo

Como una comida, no como un acompañamiento. Un tamal con café y fruta es un desayuno razonable; dos tamales entre comidas son mil calorías que el día no tenía.

Y es de los platos donde la porción no admite ajuste fino: viene envuelto, es uno, y no hay forma de servirse la mitad. La decisión se toma antes, no durante.