El taco dorado tiene fama de pesado, y la tiene merecida. Pero conviene saber de dónde sale ese peso, porque no está donde la mayoría supone.

El relleno es la parte ligera

Dentro va pollo deshebrado, y la pechuga de pollo cocida es de las carnes más magras que hay: casi toda proteína, muy poca grasa. En una porción de tres o cuatro tacos eso suma cerca de 39 g de proteína, que es bastante.

Quien los pide de papa o de frijol cambia el perfil: menos proteína, más hidratos, y en el caso del frijol algo de fibra y hierro que el pollo no trae.

El desglose completo está en la ficha del platillo: unas 564 kcal por porción.

Dónde está la grasa de verdad

En dos lugares, y ninguno es el relleno.

La fritura. La tortilla de maíz absorbe aceite, y la cantidad depende menos del tiempo en el sartén que de lo que pasa después: la tortilla absorbe sobre todo mientras se enfría dentro de la grasa. Por eso escurrirlos de pie sobre papel en cuanto salen, y servirlos de inmediato, cambia la cuenta de forma real y no simbólica.

La crema y el queso de encima. Esta parte suele subestimarse porque se ve poca cantidad, pero una cucharada generosa de crema más el queso suman más de lo que parece.

La buena noticia es que ambas son ajustables sin tocar el platillo: pedirlos recién hechos y con la crema aparte deja decidir cuánta va.

Lo que el plato sí hace bien

Con la lechuga de encima y una salsa decente, el taco dorado no es un desastre nutricional: tiene proteína de verdad, algo de verdura y los minerales de la tortilla nixtamalizada —calcio y magnesio que el maíz sin tratar no daría—.

Lo que le falta es fibra, porque la lechuga aporta poca y el relleno de pollo ninguna. Pedirlos de frijol, o acompañarlos de frijoles de la olla, lo resuelve.

Tres cosas que cambian la cuenta

  • Recién hechos y escurridos. Es lo que más mueve, y no cuesta nada pedirlo.

  • Crema aparte. Deja la decisión en la mano de quien come.

  • Relleno de frijol de vez en cuando. Menos grasa, más fibra y más hierro; con una salsa de jitomate al lado, ese hierro además se aprovecha mejor.

Dicho de otro modo: el taco dorado pesa por cómo se cocina y cómo se corona, no por lo que lleva dentro. Las tres decisiones de arriba son del que lo pide, no del que lo hace.